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En el calor de la noche: Más que un thriller policíaco


Estrenada en 1967 y dirigida por Norman Jewison, En el calor de la noche es bastante más que un entretenido thriller policíaco; he aquí un retrato todo lo fiel que un largometraje puede ser sobre la rancia América sureña de los años sesenta. La película, basada en la novela de John Ball, convirtió un caso criminal en la manera perfecta de mostrar el tremendo racismo estructural del sur de Estados Unidos en plena era de los derechos civiles.


Virgil Tibbs (Sidney Poitier), un detective negro procedente del norte de Estados Unidos, llega de visita a un pequeño pueblo de Misisipi, donde es acusado sin pruebas del asesinato de una figura influyente de la localidad. Cuando comprueba quién es este Tibbs, el jefe de policía, Bill Gillespie (Rod Steiger), tipo duro y de mentalidad conservadora, termina aceptando que es inocente. A partir de ese momento, ambos se ven obligados a colaborar, no sin recelos ni tensiones —un poco al estilo de una buddy movie policíaca—, para esclarecer el crimen.

Lo principal de esta película no es solo la resolución del crimen, sino el enfrentamiento —a veces más discreto, a veces explosivo— entre Tibbs y Gillespie. Sidney Poitier consigue crear un personaje firme, elegante y seguro de sí mismo, que se niega a rebajarse ante el racismo que lo rodea. Su interpretación convirtió a Virgil Tibbs en uno de los símbolos cinematográficos de la lucha por la igualdad racial.


Frente a él, Rod Steiger compone a un hombre muy influenciado por su entorno y prejuicios, aunque con una pequeña esperanza de cambio respecto a sus vecinos. La química entre ambos actores es esencial para que la película funcione, ya que cómo la relación entre sus personajes va evolucionando refleja, al menos a pequeña escala, la posibilidad de un cambio social más amplio.

Aunque el largometraje gira en torno a la investigación de un asesinato, En el calor de la noche va un poco más allá de lo habitual en el género. La tensión racial está presente en casi cada escena: en las miradas de los habitantes del pueblo, en los silencios incómodos, en la hostilidad que rodea a Tibbs. Sin olvidar tampoco el intenso calor sofocante del sur, que actúa casi como otro personaje, haciendo más intensa la sensación de opresión y conflicto.


La película no cae en sentimentalismos ni discursos fáciles; más bien construye su mensaje a través de situaciones concretas y diálogos que no se andan con rodeos. El orgullo profesional que muestra Tibbs y cómo se niega a que lo traten de un modo degradante se vuelven poderosos actos de resistencia.


Allá por 1967, el largometraje llamó notablemente la atención, no solo por tratar el racismo de forma directa, sino también por presentar a un hombre negro como intelectual y moralmente superior frente a una autoridad blanca que, contra su voluntad inicial, se ve obligada a revisar sus propias convicciones.


La película dejó ampliamente satisfecha tanto a la crítica como a la propia industria, quedando así como pieza clave de su época y favoreciendo el aumento de papeles protagonistas para actores negros en Hollywood.


En el calor de la noche es una mezcla muy equilibrada entre suspense policíaco y drama social. A través de la investigación de un asesinato en una pequeña localidad sureña, saca a relucir las tensiones raciales de una sociedad bastante reacia a cualquier idea de cambio. El viaje de Virgil Tibbs no es solo el de un detective que busca justicia, sino también el de un hombre que obliga a quienes lo rodean, y de paso al propio espectador, si es el caso, a tragarse sus prejuicios.

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